Dieciséis de Marzo de 2020, Lunes, primer día oficial de suspensión de la actividad docente.

Hoy el peque está en casa pero no es festivo, de serlo tampoco hay motivos para celebrar nada, estamos confinados en casa, está prohibido salir a la calle, ni tan siquiera podemos ir a pasear al campo, que lo tenemos a escasos 100 metros de distancia, tan cerca y a la vez tan lejos.

Es el segundo día oficial de confinamiento y me llama poderosamente la atención que una vecina de la localidad ya ayer también lo hiciera, se pasó todo el Domingo en casa de otra vecina, con sus hijos, y otra vecina más con su hija, en total tres mujeres, un niño y dos niñas todo el día en casa de una de ellas como si no pasara nada, como si con ellas no fuera la cosa.

Me sorprende y trato de estar pendiente cuando se marchen para poder comprobar que no son imaginaciones mías, pasan las horas y nada, ahí siguen tan tranquilas, la Policía Local no viene, la Guardia Civil tampoco, es muy pronto para ser tan radical, no le doy la importancia que tiene a lo que he observado.

Acaba la tarde, se van y me da tiempo con todo el jaleo que hacen a salir y observar, tengo la intención de pedirles por favor que no hagan eso, que estamos en un estado de alarma y está prohibido pero…

No doy crédito a lo que veo, una se va con su hija andando metiéndole prisa a la chiquilla, a lo que esta pregunta que porqué tienen que correr, la respuesta de la madre; porque sí, tenemos que llegar a casa pronto…

Pero no es eso lo que me deja sin palabras y con el cuerpo frío, es que la otra vecina, y agárrate que vienen curvas, abre el maletero y sus hijos se meten dentro, si, has leído bien, se meten en el maletero. Ella por su parte mira a su alrededor para asegurarse que nadie la ha visto, sin embargo, a pesar que no estoy escondido no me ve, está hablando por teléfono y si llevar a los niños en el maletero le parece poco, se mete en su coche y sin colgar ni ponerse el cinturón de seguridad arranca y se va.

Me he quedado absolutamente desconcertado, no termino de creerme lo que acabo de ver con mis propios ojos, así que decido que si sigue haciendo esto terminaré llamando la la Guardia Civil, mejor espero y confío a que mañana no repita, porque de hacerlo tengo claro que doy aviso.

Mis clientes se paralizan

Después de parar las campañas publicitarias de mis clientes propietarios de alojamientos rurales, contacto con el resto de clientes de otros sectores, termino poniendo en pausa todas las campañas publicitarias en bloque, Google acaba de perder sólo con mis campañas una considerable suma de dinero, esto no ha hecho más que empezar y cada hora que pasa se vuelve más duro.